A propósito de Miss Bienal y otros posibles símbolos de nación.

Autor: 
Yanelys Nuñez Leyva
Fecha de publicación: 
Agosto, 2015

Generar una suerte de “símbolos patrios” dentro del mundo del arte, que puedan encarnar una identidad colectiva, un contexto histórico o un futuro mediato, puede ser una herramienta discursiva de sumo valor en medio de un macro evento como es la Bienal de La Habana.

Su pasada edición tuvo en Luis Manuel Otero Alcántara un exponente en este sentido, capaz de crear un grupo de acciones que anunciaban el florecimiento de nuevos regímenes. Aunque las obras formaban parte de proyectos distintos, la comunicación que se puede establecer entre ellas, rebasa cualquier tipo de marco conceptual ya predeterminado. La primera, titulada Materialización del objeto soñado II. 1993-2015, pertenecía a la muestra Mi ofrenda es tu caza que se celebró en la galería de La Madriguera1 . Firmada con el nombre “Cacho”, la pieza consistía en una bandera norteamericana elaborada con palos y trapos, materiales similares a los que usara Alexis Leyva Machado para realizar su pieza homónima en 1993, pero que en ese momento se trató de la insignia cubana. El juego no se andaba con informaciones ocultas, para entenderlo solo se tenía que percibir en el ambiente – en los media y en las calles conversando con las personas -, las imágenes que inspiraban los acontecimientos del 17 de diciembre de 2014. ¿Qué proyecto de país se construiría a partir de ese momento? ¿Cómo sería la entrada de Cuba a la plataforma de globalización que se maneja a nivel internacional? ¿Cuál lenguaje tendríamos que aprender a dominar? Ante tal incertidumbre, Otero Alcántara levanta una bandera estadounidense tercermundista, y hace al Cacho su verdadero autor, como si de una emergente proyección artística se tratara. La hipotética propuesta del Cacho lo convierte en una víctima del cambio, en un animal adaptable al hábitat que se le impone. Materialización del objeto soñado… pretendía un cuestionamiento tácito no solo a las potenciales posturas que se pudieran observar dentro del Universo-Arte, sino también una reflexión sobre el posible desmoronamiento del compromiso social.

La segunda creación de Alcántara, se insertaba dentro de la obra de Levente Sulyok,2  Re-Distribution of the sensible, que convocaba, a raíz de la expo colectiva Entre, Dentro, Fuera / Between, Inside, Outside,3  a cuatro artistas cubanos que no habían sido invitados a la Bienal, a participar durante una semana y de forma individual en la exhibición, ocupando el cubículo que le fuera reservado a él en el Pabellón Cuba. Luis Manuel en esa oportunidad le dio continuación a una pieza iniciada en la 11na Bienal de La Habana, cuando sin autorización alguna colocó en el malecón capitalino una escultura de la Estatua de la Libertad de cinco metros de alto, con un cartel que rezaba “Regalo de Cuba a Estados Unidos”, mientras que de forma online enviaba la proposición de obsequio a la Oficina de Intereses de EE.UU en nuestro país.

Cuando se desplegó la producción de Otero Alcántara en la muestra Entre, Dentro, Fuera…, este, le presentó por segunda vez el regalo al pueblo estadounidense; y para acentuar el carácter irónico puso a la venta a exorbitantes precios, pulóveres, almanaques, dibujos, cajas de fósforos, antorchas y coronas de papier mache, etc. que ostentaban la misma iconografía y textos alegóricos. Desde el contexto del souvenir de feria, se devaluaba al máximo un gesto hondamente político, sin dejar de ser lúdicro ni subversivo. Y si en el contexto de inicio de la obra, el regalo del pueblo cubano vaticinaba la recuperación de los lazos de amistad; para este tiempo, el discurso se hallaba en la misma sintonía de la voz oficial de la isla, pero salpicado con altas dosis de provocación.

La estética povera prevalece en estas producciones. La madera urbana, que se desecha en basureros, esquinas, vertederos, es reutilizada por Luis Manuel sin que pase por algún proceso de “rejuvenecimiento” o expurgación posibles. Él se aprovecha de los maderos carcomidos, obscenos, apolillados para edificar imágenes de una crudeza y atractivo inconmensurables, muy cercanas al ciclo natural de vida. De esta manera, los palos atados con pedazos de tela gastada, revierten su estado ocioso por uno de producción activa de conocimiento. Contrastando con esta manera de hacer se encuentra la tercera pieza presentada en la 12 Bienal de La Habana Welcome to yuma, mejor conocida como Miss Bienal. En ella, juega más con el gusto kitsch, con el ideal de belleza popular, en una elaboración limpia y preciosista de un traje de bailarina del legendario cabaret Tropicana. Confeccionado por profesionales del medio, la prenda ostentaba todas las particularidades necesarias, cola con delineadas ondulaciones, mallas, tanga y sostén con incrustaciones de lentejuelas y otros aditamentos, sombrero empenachado de casi un metro de alto, etc. todo eso resaltado al máximo por el color rosado brillante de ribetes plateados y dorados que recubría todo el traje.

Con Miss Bienal, Luis Manuel se travestía más que en una simple y aparente bailarina, en una especie de vedette que se exponía a los morbosos ojos de transeúntes, artistas, curadores, estudiosos. Pero sus maneras y movimientos nunca fueron afeminados, como pudiese pensarse; se desplazaba con libertad, sin mayores recatos ni excentricidades que la de ser él mismo. Su propuesta ponía en evidencia una percepción aguzada del arte y la sociedad contemporáneos: la proliferación de lo carnavalesco y espectacular, la parafernalia de los susurros, la necesidad de un ancho de banda que aún promete ser demasiado estrecho, no son sino, tan solo unos cuantos de esos elementos que se insertan en esa plataforma de pensamiento ladino.
Otero Alcántara repartía en cada galería que visitaba su business card, que contenía sus contactos reales y el título de Miss Bienal, al tiempo que se dejaba fotografiar como un animal exótico y, con este gesto, se completaba uno de los círculos de ambiciones de las tres piezas, pues saturando el espacio arte con su regular presencia, interviniendo open-estudios, conciertos, eventos, inauguraciones oficiales, manteniendo un carácter silenciosamente intrusivo, denunciaba insólitos mecanismos de promoción al convertirse, eficazmente, en uno.

Con fuerte influencia del entorno político que las circundaba, las tres producciones presentadas por este creador, maldecían, desmitificaban, recontextualizaban iconos y repensaban nuestro estatus artístico y social.  El ruido, la impronta y la cadencia propia de los símbolos que nacieron para permanecer en el imaginario, acompañaba a estas obras, asegurando así la complementariedad entre unas y otras.

1 Muestra realizada en la galería Antonia Eiriz que pertenece a la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

2 Artista húngaro-estadounidense nacido en 1973.

3 Curada a cuatro manos por Dannys Montes de Oca y Royce W. Smith.