La Caridad nos une

Fecha: 
2013

Obra realizada en conjunto con la fotógrafa norteamericana Tania Lucía Bernard.
De la serie: Con todos y para el bien de unos cuantos. (2012-2013)

La visita del Papa Benedicto XVI a la isla celebraba los 400 años del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre. Una peregrinación oficial desde Santiago de Cuba hasta La Habana, con la Santa que alberga el Santuario del Cobre, constituyó uno de los más significativos eventos en ese momento de nuestro país. Pero la trágica ironía de este asunto la podían refrendar todas aquellas personas que fueron censuradas abiertamente por el mismo gobierno, por profesar cualquier tipo de religión hacia solo poco más de 20 años.

Así pues, como gesto contestatario decidí realizar mi propia “peregrinación” caminando, con una Virgen de papier maché de dos metros de alto que transportaría en una carretilla artesanal. Lo reaccionario de este gesto, no se observaba durante la interacción de la obra con las personas, pues solo existía en mi pensamiento. El único dato visible que la pieza brindaba era el de un cartel que anunciaba la recogida de cartas con peticiones a la Santa, de este modo nadie nunca sabía si se trataba de arte o de religión. Una pararrealidad se tejía en medio de estas confrontaciones e intercambios. 

El interior de la efigie de la Caridad del Cobre funcionaba como un gran buzón donde eran guardadas las mencionadas cartas y las limosnas que normalmente son depositadas por personas devotas o no, de la Virgen. Las cartas, - como propósitos iniciales -  se entregarían en la iglesia del Cobre y el dinero se le daría a una familia de la misma ciudad de Santiago, damnificada por el ciclón Sandi.  Un sinnúmero de historias afloraron a lo largo de todo el trayecto, trastocando el carácter reaccionario de la pieza, por uno que vivía directamente la conexión de las personas con la religión y con las nociones de fe, esfuerzo y sacrificio humano.

La acción se vio frustrada en la provincia de Ciego de Ávila por mi detención y  decomiso de todo lo relacionado al performance (la virgen, el dinero donado, las cartas y demás) por las autoridades políticas y religiosas de dicho territorio. 

A consecuencia de esto, a mi regreso a La Habana, comienzo a ser las reclamaciones pertinentes a espacios como Atención a la ciudadanía,  Fiscalía General de la República etc. con el objetivo de obtener una respuesta por lo acontecido, quienes poco tiempo después ratificaron la sanción acometida, respaldándose en el articulo 55 de la Constitución de la República que “establece que para desarrollar una actividad pública de carácter religioso fuera del local de reuniones se necesita una autorización del Ministerio de Justicia”. 

Como parte importante de esta obra se obtiene la bitácora donde fui escribiendo a manera de diario todas las peripecias del viaje pero también todas las reflexiones que luego, a la distancia de la peregrinación, fue suscitando este evento en mí.